ESCAPADA: IX Jornadas de Política Económica en Granada

Hola amigos,

Aunque con algo de retraso, voy a hablaros de mi última escapada a tierras granadinas con motivo de la celebración de las IX Jornadas de Política Económica. El objetivo fundamental era presentar allí un trabajo, junto al profesor Juán Ramón Cuadrado, que va a ser publicado en este mes en la revista internacional Structural Change and Economic Dynamics. Pero además pude disfrutar de la hospitalidad de los compañeros de la Universidad de Granada, así como ver a viejos conocidos de jornadas anteriores a las que también había tenido la suerte de acudir (en Vigo y Valencia en 2005 y 2007 respectivamente).

Y como no, aunque esta vez fue un viaje "relámpago", pude volver a disfrutar de algunos de los preciosos rincones y costumbres que tiene esta joya del Sur español que se llama Granada. Vaya por delante mi poca objetividad al respecto ya que es mi ciudad favorita del sur peninsular y he podido disfrutar de sus atractivos en muchas ocasiones anteriormente. No me voy a parar a hablar del ambiente universitario e internacional (esta vez pudimos disfrutar del Uruguay-Argentina en un bar lleno de compadres argentinos...), ni de sus maravillosas tapas, ni siquiera de lo que supone perderse por las calles del Albaicín o el Sacromonte, o pasear por las calles judías del Realejo. Tampoco os voy a hablar de su Catedral o de los baños árabes esta vez. Sin embargo, no me resisto a hablaros de una de las maravillas que tenemos la suerte de disfrutar en nuestra península: La Alhambra.

He visitado este grandioso monumento en varias ocasiones, pero ninguna como en esta ocasión, de noche. Si ya es inimaginable los sentimientos que te vienen cuando paseas por sus rincones de habitual, qué decir cuando lo haces al amparo de la noche y sólamente iluminado con bajas lámparas al estilo de las viejas teas que iluminaban el Palacio y sus jardines en tiempos de sus creadores. Vista, oído y olfato unidos a lo largo de un sinfín de jardines, fuentes, pasajes, habitaciones y ventanales que te hacen viajar a los tiempos de los califas y sultanes, disfrutando de la inteligencia de sus jardineros y arquitectos, o de la cultura de sus poetas y músicos. Un gusto para todos los sentidos. Y encima las vistas que desde ese rincón afortunado se tienen del resto de la ciudad, sobre todo del barrio del Albaicín, son inigualables. Un verdadero placer.

Intentaré colgar algunas fotos, así como las pendientes de Budapest en cuanto encuentre un momento.

Un abrazo

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